La palabra una vez lanzada, no puede retirarse.

viernes, febrero 10, 2006

Viaje a Chuqui 17

Hoy desperté en un lugar extraño... un lugar que se mostró muy hostil para la vida humana, creo que estoy en otro planeta muy lejano al nuestro.
No he visto un ser vivo hace ya muchos días, miro al horizonte y sólo veo desierto y una especie de tierra pantanosa que, creo, está contaminada con un líquido verde al que es mejor no acercarme parece muy tóxico. El aire es muy delgado, apenas puedo respirar con normalidad por esto llevo conmigo un estanque con oxígeno que espero no utilizar.
Llegué a una ciudad muy extraña, hay mucho ruido debo usar tapones para no lastimar mi sistema auditivo, ahora si encontré seres vivos, son parecidos a nosotros, pero está mucho mejor adaptados a este lugar; su sistema respiratorio es algo diferente y tienen unos ojos enormes, parecen no molestarles los fuegos que rodean el sector, hay muchos pequeños volcanes que expulsan una solución muy quemante. Ellos me observan pero no se comunican, no sé si pueden emitir sonidos, además el ruido es intenso y dificulta mucho la comunicación. Aún no sé para qué utilizan este líquido, acá sólo es obtenido y luego transportado en unos monstruos, al parecer metálicos, hasta más allá de los cerros que rodean la ciudad. Acá tambien hay muchos gases se pueden ver en el aire a través del los rayos de una estrella cercana. La nave despegará a las 1930 debo irme, tal vez nunca vuelva a este lugar... tan inhóspito, tan magnífico.

miércoles, febrero 08, 2006

La práctica (Bonus track) San Pedro de Atacama

Seguramente todo el mundo ha oído hablar de un lugar del norte de Chile que se ha convertido en parada obligada para muchos turístas extranjeros que visitan el Cono Sur de América. Sin duda hemos visto postales de paisajes que se han transformado en la cara de todas las agencias turísticas nacionales como son el Valle de la Luna, los Geysers del Tatio, el salar de Atacama y como no las Lagunas Altiplánicas. Pero existe algo que me ha impresionado mucho y tal vez se deba a la forma como se presentó mi viaje a San Pedro, es algo que no aparece ni puede aparecer en ninguna postal ni en ninguna publicidad de esta hermosa extensión de Chile, me refiero a la diversidad cultural, racial, social, etc. de las personas que allí se conoce. No es sólo ver turistas disfrutando sus vacaciones, no es sólo ver gringos con cámaras fotográficas digitales, es el mezclar diferentes hombres y diferentes mujeres de costumbres HETEROGÉNEAS y alguna dificultad para comunicarse debido al idioma, en una conección mágica, porque de verdad lo que se siente en estas callejuelas es mágia, hasta hoy siempre había considerado al turista como una persona lejana, como alguien que visita el lugar donde yo vivo para conocer lo que está más allá de sus fronteras, pero ahora lo considero como un forastero que viene a vivir, a compartir su vida a mostrarnos también lo que ellos son y lo que realizan, sus vivencias, sus experiencias y eso quedó en mi memoria, enfrentarme a una cultura diferente, conocerle.
Al llegar a San Pedro lo primero que hice fue conocer el Cielo..., ...el café de mi anfitrión que debe ser lo que cualquier jóven desearía tener, uno de los sueños del pibe, por casualidad, y esto influyó mucho en mi manera de pensar, está asociado, o algo así,
al Hosteling international, por lo tanto es ahí donde pasé gran parte de mi tiempo en el oasis. Al día siguiente mi primera intención era ir en un tour al valle de la luna pero mi anfitrión insistió en que lo mejor era arrendar una bicicleta por $3000.- y recorrer sin presiones los alrededores que son muy bellos. Le hice caso, entonces me enrolé en un entretenido pero fatigoso viaje hacia, en primera instancia, el valle de la muerte que finalmente no conocí, y luego el Pukará de Quitor que era mi principal destino. Acercandome al Pukará que dista unos 3 km del pueblo, me encontré con dos estudiantes al igual que yo en práctica en Codelco, con ellos una dama Marcela y un varón Rodrigo continué mi viaje que sería desviado hacia otro lugar un poco más lejano. El destino ahora era la misma Garganta del Diablo o Quebrada del Diablo, un lugar muy extenso que no alcanzamos a recorrer completo y que tenía formas muy accidentadas. Sin duda un lugar hermoso e inhóspito. Al salir de allí nos dirigimos muy agotados y sedientos a las ruinas de Quetarpe a poco más de 8 km de San Pedro donde no quisimos explorar mucho porque se hacía tarde y ellos tenían que volver al pueblo para realizar una expedición al valle de la Luna en tanto que yo me dirigí al Pukará que es un lugar místico y muy árido que hace parecer muy inapropiada la vida pero que al remover una pequeña capa de tierra se encuentran trozos de arcilla y restos óseos. Sin duda lo más llamativo del Pukará fue la estructura de la construcción y la hermosa vista que posee hacia la vegetación alimentada por un pequeño riachuelo que cruza esta tierra de extenso baldío.